Venganza en Flor: Milena Muzquiz en su primera muestra individual en el Museo Raúl Anguiano
En colaboración con Travesía Cuatro, Milena Muzquiz (Tijuana, 1972) se presenta en el Museo Raúl Anguiano de Guadalajara: su primera exposición individual en un museo en México. Será posible visitar la exposición hasta el 12 de abril.

Las obras expuestas en Venganza en flor son una invitación a contemplar el constante diálogo entre control y accidente, aspectos que rigen la práctica artística de Milena Muzquiz. A través de la combinación de técnicas pictóricas, cerámicas y el empleo de objetos utilitarios, la artista busca recrear en el espectador experiencias y memorias ligadas a una cierta nostalgia material. La muestra reúne óleos, acuarelas, pinturas de gran formato y una serie de fuentes de cerámica vidriada que ocupan el centro del espacio como columnas totémicas de agua y barro.
La práctica multidisciplinaria de Milena Muzquiz combina pintura, cerámica y el objeto utilitario, aunque con una fuerte influencia del performance. La experiencia de la artista en el colectivo Los Super Elegantes, iniciativa que fundó junto a Martiniano López Crozet en los años noventa, marcó profundamente su trabajo individual. Las fantasías de la música como entretenimiento de las masas y su cualidad moldeable pueden leerse en el interés de la artista de modificar el espacio expositivo e incorporar aspectos participativos. A través del juego con las dimensiones, el gran formato, y la ausencia de un uso definido es posible –como espectador–, experimentar las obras de arte desde un lugar de confusión, curiosidad y nostalgia.
Las pinturas a gran formato no necesariamente cuelgan de las paredes sino que se erigen como cortinas, como biombos que reorganizan el espacio y obligan al espectador a rodearlas, imposibilitando una única dimensión de lectura. Las superficies de las pinturas están cargadas de flores, cadenas doradas, figuras humanas y objetos que parecen más bien salidos de un sueño: un repertorio de imágenes familiares, tal vez de la infancia de la artista, de las cuales cualquier control de la realidad termina cediendo al peso de interpretaciones y significados que varían según quién las mire. El texto curatorial de Marco Valtierra lo formula con precisión: “La práctica de la artista se construye desde una negociación constante entre control y accidente. Pintar implica aceptar una pérdida parcial de dominio, dejar que el tiempo de secado, la mancha y el error queden inscritos en la superficie. La cerámica introduce otra tensión, entre dureza y ruina, y desplaza la pintura hacia el volumen y el espacio. En este cruce, las piezas sugieren usos posibles, pero también su fallo: la pintura se desborda del plano y la cerámica oscila entre utilidad, estructura y vestigio.”


.png)


