Constelaciones y derivas: La Colección FEMSA celebra su 50 aniversario con una mirada crítica al arte de América Latina

Constelaciones y derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA está abierta al público en el Museo de Arte Contemporaneo de Monterrey (MARCO) hasta el 9 de agosto de 2026.

Constelaciones y derivas (2026), vista general. Fotografía cortesía de la colección.

La Colección FEMSA celebra su 50 aniversario con la exposición Constelaciones y derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA. La colección, nos cuenta el curador de la colección Beto Díaz Suárez, surge en 1977 con la donación de la obra Maizal Milpa-Azteca (1955) del Dr. Atl, por parte de Rosario Garza Sada de Zambrano para el Museo de Monterrey. La donación detonó un interés por construir un acervo de arte Latinoamericano, que llegó a convertirse en la colección que hoy cuenta con más de mil piezas de arte del siglo XX y XXI. Magali Lara, Ángel Zárraga, Gego, Cruz Diez, Ana Mendieta, Helena Escobedo, Diego Rivera, José Alfaro Siqueiros, Ángela Gorría, son algunos de lxs artistas cuya obra forma parte de la Colección FEMSA. La colección no busca simplemente acumular obras, sino contar la historia de la institución, de su terrritorio, y la cotidianeidad a través de las obras de arte que se van sumando a la colección. ¿Qué historia del arte latinoamericano estamos contando, y cuál queremos contar en realidad? ¿Cuáles han sido las historias que se han quedado al margen? Éstas son las preguntas que el equipo curatorial de Constelaciones y derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA se planteó al seleccionar las 177 obras que conforman la exposición.

Aunque no existe un concepto curatorial estricto, la fomra en que la exposición está organizada busca transparentar el trabajo curatorial y de adquisición de obra que la Colección ha realizado en los últimos años. Cuando se busca agregar una pieza a la colección, se realiza algo que el curador llama “constelar la pieza”, es decir, trazar los diálogos que la pieza en cuestión tiene con otras piezas en el acervo. Ampliando este acto de “constelar”, surge la idea de organizar la exposición en cinco ejes o “constelaciones” (Territorios, Estructuras coloniales, Debatiendo la Abstracción: geometria y forma en América Latina, Alquimia e Identidades) a partir de la investigación de María Carmen Ramírez y Héctor Olea, con la intervención museográfica Max von Bertz y Mauricio Mesta. Esta investigación busca entender el arte latinoamericano no como derivativo de la Historia del Arte europeo o estado-unidense, sino con sus propios planteamientos y cuestionamientos. Beto Díaz Suárez nos habla de la permeabilidad y flexibilidad con la que las constelaciones permiten leer una colección: “Esta idea de constelaciones nos permite hablar de permeabilidad – no hay una sola historia linear. Piezas como las de Ana Mendieta pueden pertenecer en la constelación de Territorios tanto como en la de Identidades. Las constelaciones permiten una flexibilidad de entendimiento y lecturas posibles. La exposición no es una revisión histórica de la Colección, sino que busca plantear preguntas en torno a las constelaciones de la alquimia, estructuras coloniales, territorios e identidades en América Latina, que han ido cambiando en estos últimos doscientos años.”

Constelaciones y derivas (2026), vista general. Fotografía cortesía de la colección.

Sin embargo, ¿qué es un arte no derivativo de las narrativas de la Historia del Arte? Díaz Suárez sugiere que el eje Abstracción: geometría y forma en América Latina es ya de por sí un acto de reflexión que ve al arte latinoamericano como una historia propia. “La abstracción ya existía en América Latina desde mucho tiempo atrás. Lo podemos encontrar en los textiles andinos y en piezas que preceden a estos movimientos [vanguardias europeas]. Cambiar el enfoque y entender [la abstracción y la geometría] desde sus orígenes de América Latina – de pensar más allá del canon de Europa y Estados Unidos. […] Lo que esperamos de esta exposición es que las personas se encuentren con sus propias preguntas, sus propias respuestas.”

La amplitud de los conceptos de cada eje de la exposición promueve las preguntas abiertas y no preescriptivas. El eje de Territorios, por ejemplo, es bastante amplio y rico de significado. Cuando hablamos de territorios, ¿de cuáles hablamos? ¿De qué tiempo? Si tomamos como referencia a los tiempos geológicos, la cadencia y la duración de los eventos son mucho más lentos que quellos de la historia y el cuerpo humano. En América Latina, la experiencia y los mundos de cada individuo y su territorio son tan diversos que, según el curador de la exposición, le costaría a cualquiera hablar de un solo tipo de territorio Latinoamericano – se puede hablar simplemente de su diversidad, de su arraigo, del tránsito y de cómo lo habitamos. La Alquimia, por ejemplo, es otra constelación difícil de definir que se relaciona con el Territorio. La Alquimia tiene que ver con la noción de cambio que permea repetidamente en la historia de las cosas. Todo está en constante cambio; nuestro territorio, los seres que lo habitamos, los materiales – todo se transforma y degrada con el tiempo. No obstante, hablar de cambio también implica hablar del encuentro de fuerzas opuestas, que en América Latina puede leerse a través de sus grandes contrastes; el día y la noche, las llamadas fuerzas masculinas y femeninas, son fuerzas de cuyo encuentro surge algo nuevo. “La noción de alquimia nos interesaba para hablar de estructuras coloniales, de territorio y de identidades. Sentíamos que era una constelación que tocaba varias de las otras y nos servía como bisagra, porque además está muy relacionada también con abstracción.”

El proceso de selección para la exposición fue un proceso de investigación que duró alrededor de dos años. A pesar del arduo trabajo de selección, el equipo curatorial describe este proceso como un proceso emocional donde se encontraron – o reencontraron – con las piezas. Además del proceso de observación de cada pieza y la “constelación” de éstas en su conjunto, el seminario curatorial colaborativo fue clave para darle forma a la exposición final. Se invitó a teóricos, artistas y activistas a reflexionar sobre los ejes de Constelaciones y derivas, cuyos perfiles eran extremadamente diversos. Entre lxs asistentes al seminario resalta el trabajo de Ana Eugenia Rodríguez, cuya contribución por la diversidad de sexo genérica fue fundamental para las reflexiones en torno al eje de Identidades. El seminario, que duró varios meses, no sólo le dió forma a la muestra, sino que le dio estructura también al programa público de la exposición.

Constelaciones y derivas (2026), vista general. Fotografía cortesía de la colección.

Le preguntamos al curador qué obra eligiría de cada eje temático de la exposición. Aunque es díficil escoger unx solamente, algunos de los destacados son la serie Siluetas de Ana Mendieta para Identidades, la obra de Salvador Xharicata para Estructuras Coloniales, algunas piezas de Ángela Gurría para Debatiendo la Abstracción, Remedios Varo y Circe Irasema para Alquimia, y finalmente Abraham Ángel para Identidades. Esta selección de piezas evocan en el curador pensamientos alrededor de lo místico del territorio y la identidad. “[Estas obras] tienen un aspecto místico. Por ejemplo, en el Ana Mendieta y el Circe Irasema, [el sujeto] está volteando al cielo… Es este acto irremediablemente humano de voltear a ver las estrellas y pedir un deseo. Hay algo que también me parece muy íntimo de todas esas piezas. Creo que se están preguntando sobre lo que implica la experiencia de ser humao, voltear al cielo… El cuerpo y la tierra con Ana Mendieta, Xharicata preguntándose acerca del legado Purépecha al que ya no tiene acceso, Abraham Ángel se pregunta sobre su identidad como hombre cuir a inicios del siglo XX… Finalmente, el Ángela Gurría es una pieza en la que dos formas se encuentran en otra forma más pequeña. Todas estas piezas me hacen pensar esa experiencia de preguntarnos quiénes somos y cómo habitamos este planeta.”

La exposición Constelaciones y derivas no busca definir la esencia del arte latinoamericano, si es que esa definición siquiera es posible. Con sus constelaciones, busca promover en sus visitantes la reflexión sobre qué preguntas les son relevantes, y cuáles son sus posibilidades. Eso es, según el curador, lo potente de la experiencia con el arte; que el significado de las piezas cambia para quien las ve. En este sentido, la historia del arte latinoamericano se define en la mirada de cada espectador.

Constelaciones y derivas: arte de América Latina desde la Colección FEMSA está abierta al público en el Museo de Arte Contemporaneo de Monterrey (MARCO) hasta el 9 de agosto de 2026. También se invita al público en general a asistir a las actividades, talleres y conversatorios del programa público organizado por Cristian Gómez. Más información sobre el programa público se puede consultar en www.colecciónfemsa.com

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