En conversación con Christian Wedel sobre mimetizar el paisaje, la ciencia ficción y la forma como mitología

Visitamos el estudio de Christian Wedel en la Santa María de la Ribera, donde nos habla de su obra y su experiencia en la naturaleza, San José –su ciudad de origen en Costa Rica– y la Ciudad de México.

Christian Wedel. Fotografía de Rodrigo Hernández

¿Es posible imaginar un mundo donde la forma de las plantas se confunde con aquella de los humanos y viceversa? ¿Cómo sería un mundo donde el paisaje está conformado por especies que se mimetizan entre ellas, hasta convertirse en el paisaje mismo? Es así que las obras de Christian Wedel (San José, Costa Rica, 1985) nos abren una ventana a este mundo encarnado por la naturaleza, donde las palmeras se desmayan, las plantas tienen manos, y las rocas cobran vida propia. A través del empleo de diversas técnicas – como el dibujo, principalmente la pintura, la cerámica, el fanzine y la escultura – busca borrar los límites entre las formas del cuerpo humano y aquellas de los cuerpos vegetales. La propuesta de Christian Wedel es cautivadora porque logra capturar la esencia del paisaje, sea natural o urbano, y reconfigurarlo a través de métodos pictóricos para imaginar realidades alternas que parten de la mitología, la ciencia ficción y la cultura latinoamericana.

El proceso creativo del artista, y las temáticas que lo inspiran, es un proceso que cambia constantemente a través de la experimentación con la pintura. La riqueza natural en la que el artista se vio envuelto en Costa Rica motivan un interés profundo por representar mundos imaginarios donde el límite entre el paisaje y el cuerpo, los animales, las plantas y cuerpos celestes se difumina. Un interés por el animismo inspira toda la obra del artista, pero es específicamente evidente en la realización de las series Glossary for a Vegetal Government: “Me interesa mucho esa idea de que los objetos cobren vida en el paisaje y que de alguna manera todas las formas se mezclen en una sola, como si el paisaje fuera una única forma.” En su serie más reciente, Lunar Veil, las obras buscan lograr este mismo efecto pero buscando sintetizar lo más posible, transmitiendo las mismas sensaciones con la menor cantidad de elementos posibles. En el trabajo más reciente de Wedel, el proceso de la realización de la obra podría considerarse un elemento pictórico en sí mismo, y es igual de importante que el aspecto formal – cada marca, rascadura y capa vieja de color es visible en la pintura finalizada, buscando difuminar todavía más los límites del paisaje.

Christian Wedel, Sangre (óleo sobre lienzo 182x115) y Arch (clay fired in open pit, bricks 40x60x22cm). Fotografía cortesía del artista.

Este interés por capturar la rugosidad, la textura y el desgaste viene directamente del entorno urbano característico de Latinoamerica y el Caribe. Visitando el estudio del artista en la colonia Santa María de la Ribera, en Ciudad de México, nos muestra las paredes de un edificio aledaño en el exterior de la ventana. En las paredes, se puede apreciar un desgaste, humedad, partes donde la pintura o directamente capas de la pared se han desprendido, partes donde la pintura ha sido aplicada sobre varias capas de hace algunos años. Las condiciones climáticas de la región, que favorecen el desarrollo de humedad y desgaste, dejan un rastro en el aspecto urbano, cuya cualidad estética inspiran la práctica pictórica de Wedel. Nos explica: “No sé, como si pintaran sobre la pared directamente, como si no la prepararan antes, sino que van pintando una capa encima de otra y se van creando como un montón de texturas. Por ejemplo, ahí se nota que hay hongos de humedad. Siento que en el Caribe es común ver hongos que van tomando espacios, haciendo todo un poco rugoso. Eso me gusta mucho.”

Los pinceles y materiales que utiliza el artista tambien ayudan a capturar el aspecto terroso del Caribe. Wedel utiliza pinceles despeniados y duros – incluso un poco desgastados – para crear líneas irregulares, y espátulas para poner capas gruesas de pintura y arrancarla: “Tengo un pincel que es mi favorito, pero es una lástima porque yo creo que ya se está muriendo, tiene ya nada más como tres pelos [risas]. Con este puedo hacer un montón de líneas que es imposible definir. El azar tiene mucho que ver en mi obra. Me gusta poner y arrancar pintura, que las cosas no se vean limpias.”

La experiencia de vivir en Ciudad de México, lejos de su país de origen, le ha permitido al artista redescubrir sus orígenes y reforzar el aprecio que siente por su vida en Costa Rica. La vida en Centroamérica, en contacto con los ritmos de la naturaleza, regresa constantemente en la forma de ligereza que el artista busca representar en su obra: “También hay una manera de pintar que tiene un tipo de libertad, digamos… No es tan rígida. En estas pinturas específicamente me interesa que haya una especie de ligereza en la forma, que para mí expresan el ser latinoamericano, de Centroamérica. No es naíf exactamente lo que busco, sino que no parta de una técnica europea realista. Me interesa redescubrir cómo quiero yo aplicar la pintura. […] Las formas en las que pienso y luego pinto, siempre me remiten al lugar de donde soy. Trabajar con este tipo de detalles, que no sean completamente limpios, para mí es muy importante.”

La ciencia ficción, la mitología y el tiempo son otros de los temas que interesan al artista. Hablando sobre la temporalidad de su proceso creativo, el artista coincidentemente describe la teoría de las ensoñaciones y la escritura creativa del reconocido psicoanalista Sigmund Freud. En resumen, Freud en sus ensayos sobre la creatividad recopilados en la serie Escritores creativos y ensoñaciones (Der Dichter und das Phantasieren, 1908), describe que la o el escritorx creativx vive en tres temporalidades diferentes para poder transmitir una emoción o idea – un momento presente desencadena un recuerdo de su infancia o pasado, que a su vez proyecta hacia una idea futura. El artista describe su propia experiencia de esta forma: “Siento que en la pintura uno está en un lugar muy extraño. Uno está en el pasado, pensando en las cosas que ha vivido, está en el presente porque [pintar] es un acto de mucha presencia, pero también uno está pensando en llegar a algún lado, hacia una obra futura. A la hora de pintar uno está en esos tres momentos al mismo tiempo, que es bastante extraño.” El interés del artista por reimaginar un paisaje donde los cuerpos humanos y vegetales se confunden viene de una fascinacion por la meticulosa construcción de mundos de Ursula Le Guin – autora estadounidense del género de la ciencia ficción –, la mitología griega y las leyendas latinoamericanas, especialmente brasileñas. Una planta que ha sido de gran inspiracion para el artista, y éste mismo describe como casi “alienígena” es el árbol de la fruta de pan, o jackfruit: “La fruta pan es un árbol que me encanta, había muchas en frente de mi casa. Se come, pero a veces se ve incluso intimidante. Me gusta que la fruta tiene esos piquitos, que las hojas parecen manos y que son muy altas. Uno ve un árbol con un montón de manos y con estas frutas extrañas. No sé, me parece una planta muy alienígena.”

Christian Wedel, obra reciente. Fotografía cortesía del artista.

Los fenómenos de la naturaleza, donde la proximidad con lo natural es parte de lo cotidiano, son otra importante fuente de inspiración. El artista describe la cercanía con estos eventos como mágicos, atribuyendo un carácter animista a los elementos naturales en su práctica pictórica. Los personajes, si así podemos llamarlos, en las pinturas de Christian Wedel remiten a una realidad alterna donde las palmeras, el agua y las rocas cobran vida. “Verdaderamente llueve mucho, se te está cayendo el techo. Luego en la madrugada, se escucha que para de llover y cuando amanece, después de cuatro días de lluvia, todos los animales salen, los ríos traen objetos y restos a las playas… Es un momento muy mágico. Esa pintura [Palmera descansando, 2024] me recuerda a ese momento; están las palmeras caídas, como desmayadas y luego vuelven a nacer. Casi todos los momentos así de mágicos que he vivido han sido en la naturaleza.”

La magia que el artista observa en la naturaleza no sólo la representa en su obra, sino que es una forma de absorber el mundo que lo acompaña en su cotidianeidad. A pesar del caos que persevera en la Ciudad de México, en su estadía en la capital ha logrado encontrar lugares donde estar en proximidad a la naturaleza, por ejemplo el Lago de Chapultepec. “Antes de la subasta estaba nervioso, la verdad. Me quedé caminando por el lago y noté que hay un montón de peces, también en la orilla unas garzas. Estaba viendo como los peces tenían que saltarse un pedacito de concreto para pasar al otro lado… El acto de sólo observar, de sólo contemplar algo pasando en la naturaleza y simplemente estar ahí, sin ninguna pretensión. […] Creo que la naturaleza es ese espacio de nada más observar algo que no es uno mismo.” Y es precisamente eso lo que Christian Wedel logra en su obra – la capacidad de absorber la experiencia de simplemente existir como parte de la naturaleza – no aparte de ella –, y crear ventanas a un mundo donde la forma invita a imaginar maneras distintas de relacionarnos con nuestro entorno.

Christian Wedel, nacido en San José, Costa Rica, en 1985, es un artista cuyo trabajo pictórico estudia la forma en que plantas, humanos, materiales y entornos que se relacionan entre sí. Algunos de los proyectos a destacar son Livable Worlds, Tropical Futurology, The plant as a form, y A town for plant people, proyectos que han recibido el apoyo de instituciones como el Centro Cultural de España en Costa Rica (CCE) y el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo de Costa Rica (MADC). Su trabajo se ha expuesto de manera individual y colectiva en múltiples foros en México, Estados Unidos y Costa Rica, incluyendo Base Proyectos de Salón Acme, Subasta Terremoto en LagoAlgo, PEANA, Galería Municipal, Estudio Croma, Craig Krull Gallery, Cero Uno, entre otros.

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